TRANSPORTES LA NAVEGACIÓN En épocas remotas, los navegantes se embarcaban sin instrumental. Mientras podían, se mantenían cerca de la costa y raramente se atrevían a navegar en alta mar. Los pobladores de las islas del Pacífico aún viajaban sin planificar previamente el rumbo hace 200 años. Se guiaban por el sol durante el día y por las estrellas durante la noche. Cuando no resultaban visibles ni uno ni las otras, observaban la dirección en la cual el viento y las olas movían sus canoas. Si cambiaban de dirección, perdían su camino. La invención del astrolabio que tuvo lugar posiblemente en el año 150 A.C. permitió medir el ángulo de los cuerpos celestes sobre el horizonte. Así los marinos aprendieron a calcular, aunque en forma aproximada, la latitud en la cual se encontraban. Sin embargo, no podían precisar su posición pues no tenían cómo calcular la longitud. Más adelante, en el siglo XIII, los marinos europeos comenzaron a utilizar un simple compás magnético o brújula , instrumento conocido en China por lo menos 200 años antes. Con la brújula, los navegantes pudieron trazar su itinerario según sus necesidades náuticas. En 1492, Cristóbal Colón zarpó de España, con la intención de encontrar una ruta marítima que condujera al Este, navegando hacia el Oeste. Confiaba en los estudios realizados por el geógrafo griego Ptolomeo, y en los imperfectos mapas dibujados en Europa durante el siglo anterior. Después de analizar el material disponible, calculó que Asia se encontraba a unos 4.800 Km. de España, rumbo al Oeste. Esa era justamente, la distancia que separaba a Europa del continente americano. Cuando Colón murió, en 1506, no sabía aún que había descubierto un nuevo continente. Navegaba con rumbo aproximado. Marcó la ruta con su brújula y perforó su carta de navegación para establecer la distancia que suponía había navegado. Calculó la rapidez de su barco por la velocidad de las olas con relación al movimiento del mismo. Midió el tiempo con un reloj de arena que marcaba las medias horas. Los navegantes también solían medir la velocidad de otra manera. Tiraban al mar un tronco de árbol sostenido por una cuerda. Esta poseía nudos atados a espacios iguales. Mientras el tronco se alejaba, un marinero contaba el número de nudos que se alejaban en un lapso determinado por el reloj de arena. Éste fue el origen de los nudos como medida de velocidad en la navegación. Además del astrolabio y de la brújula los navegantes en época de Colon utilizaban también el cuadrante reemplazado luego por el sextante. El sextante con espejo, inventado aproximadamente hacia 1730, logró que la medición de los ángulos verticales fuera más exacta. En 1700, además, se inventó un cronómetro extremadamente preciso. Así, los marinos podían conocer la hora local por la posición de las estrellas (hora sideral). El cronómetro daba la hora media de Greenwich. La diferencia entre ambas era el número de grados de longitud al este u oeste del primer meridiano. Una diferencia de una hora equivale a 15' de longitud. Recientemente, otro auxiliar importante fue el giroscopio . Formas modernas Hay cuatro maneras de determinar la ruta en el mar: pilotaje en aguas costeras, rumbo estimativo, navegación celeste en alta mar, y actualmente, navegación electrónica. Las aguas costeras en la mayoría de los países han sido registradas con precisión. Las cartas marinas señalan contornos submarinos, arrecifes peligrosos, rocas , canales navegables y señales importantes, como, por ejemplo los faros . Existen navegantes especializados, los pilotos, que guían los barcos en aguas costeras poco profundas. Poseen un conocimiento profundo acerca de corrientes y mareas locales y determinan la posición de la nave por medio de dos sistemas: midiendo la profundidad del agua, que se compara con la determinada por la carta hidrográfica, o divisando marcas cuya altura esté señalada en la misma. La medición del ángulo de elevación permite calcular la distancia. En alta mar, no existen señales que ayuden a los navegantes. Uno de los métodos de navegación es el rumbo estimativo, básicamente similar al utilizado por Colón. La navegación celeste está relacionada con la medición de la ubicación de los cuerpos celestes. Para encontrarla, un navegante debe determinar su latitud y longitud. La primera se mide de distintas maneras. Un método simple, en el hemisferio norte, es medir el ángulo de elevación de la Estrella Polar. Como ésta se encuentra casi directamente, sobre el Polo Norte, el ángulo de elevación resulta casi igual a la latitud. La medición de la profundidad de las aguas representa una tarea sencilla, mediante el uso de la sonda acústica. Los compases de radio ayudan a los navegantes a fijar sus posiciones en relación con varios centros conocidos de transmisión. Por medio del radar , determinan la distancia y los rumbos de cualquier punto incluyendo bordes costeros o icebergs. El sistema de navegación por larga distancia (LORAN, su sigla en inglés significaa Long Range Navigation) es efectivo entre los 1.100 y los 2.300 kilómetros. Equipos transmisores en la costa irradian las señales que recibe el barco. Según el tiempo que demoran las señales en propagarse desde el transmisor al receptor, el navegante puede calcular la distancia entre el barco y el centro de transmisión. Si el receptor a bordo recibe señales de dos transmisores, puede fijarse la posición. Algunos satélites artificiales transmiten señales de radio utilizada en la navegación electrónica. Navegación aérea En la actualidad, la navegación aérea se basa, fundamentalmente, en la electrónica . A pesar de ello, el pilotaje (es decir, el vuelo desde puntos fijos), el rumbo estimativo y la navegación celeste no han caído en desuso. El sistema de corta distancia (SHORAN, es decir, Short Range Navigation) emplea radares. Los aviones transmiten señales por medio de éstos a faros terrestres que se hallan en determinadas posiciones. Las señales son retransmitidas al avión, lo que permite al piloto calcular su posición con exactitud. Si bien este sistema es preciso, tiene la desventaja de que el avión debe encontrarse en línea recta visual con los faros, para que puedan recibirse las señales. La gran ventaja de la navegación marítima aérea controlada por medios electrónicos es que los navegantes pueden encontrar su camino aunque la visibilidad resulte insuficiente como para ver señales o cuerpos celestes . |
|
|||